¿Quién dijo que el chocolate y la proteína no podían ir en el mismo plato? Esta torta nació de las ganas de comer algo dulce, rico y que además le sume a tu cuerpo. Con harina de almendras, harina de garbanzo y huevos, cada porción tiene un extra de proteína natural, sin necesidad de proteína en polvo ni ingredientes raros que no reconoces.

La harina de garbanzo no es solo una alternativa sin gluten: también aporta proteína vegetal y fibra. Combinada con huevos y almendras, esta torta se convierte en mucho más que un postre, es un antojo que te acompaña y no te hace sentir pesada después
La cubierta de chocolate oscuro derretido a baño maría le da ese toque final brillante y hermoso, sin azúcares refinados de más. Simple, y perfecta para cualquier ocasión, desde una tarde de antojo hasta una celebración especial.
Pon a precalentar el horno a 170 °C o 338 °F
Con la ayuda de un batidor bate 4 huevos por unos 2 minutos hasta que estén espumosos.
En el mismo recipiente, agrega 2 tazas harina de almendras, 1 taza harina de garbanzos, 1 taza de cacao en polvo, 1.5 tazas azúcar de coco y 1 cucharadita vainilla y 1/2 taza de leche. Con una espátula mezcla todo junto hasta obtener una masa homogénea.
Pon en el molde(yo usé uno de 9 pulgadas), cubrerlo con papel parafinado y engrasalo con aceite de coco o ghee
Vierte la mezcla y hornea a 180°C durante 25-30 minutos, o hasta que al insertar un palillo salga limpio. Deja enfriar antes de agregar la cubierta.
Ponla a reposar sobre una rejilla para que no quede humeda en la base. Deja enfriar por unas dos horas para decorar
uno más grande (una olla) y uno más pequeño que encaje encima sin tocar el fondo (un bowl de vidrio o acero inoxidable)
hasta unos 3-4 cm, lo suficiente para que hierva pero sin que toque el fondo del recipiente de arriba.
hasta que hierva suavemente (no a borbotones fuertes).
Pon el recipiente encima de la olla con el agua hirviendo. Pon el chocolate partido en pedazos en este último, adiciona el aceite de coco.
Revuelve constantemente con una espátula o cuchara, dejando que el vapor (no el agua directa) derrita el chocolate poco a poco.
Retira del fuego en cuanto esté completamente liso y brillante, sin grumos.

Vierte el chocolate derretido sobre la torta ya fría, dejando que cubra la superficie de manera uniforme.