De las cosas que más recomiendo tener siempre en la nevera son buenas salsas caseras. Son ese comodín que resuelve cualquier comida entre semana: le caen perfecto a unas papas, a tu proteína del día, a un arroz o a una pasta. Con una salsa lista, cualquier plato sencillo se siente especial.
Una de mis favoritas es el romesco. La probé por primera vez en un mercado cerca de donde vivía: una salsa roja, cremosa, sin lácteos, que nunca había visto. Quedé impactada. ¿Cómo algo tan cremoso y delicioso no tenía ni una gota de crema de leche? Tuve que averiguar de qué se trataba.
Como pasa con muchas recetas, no hay una fecha exacta de su nacimiento. Pero se cree que la versión que más se parece a la que conocemos hoy nació en España, allá por el siglo XVI.
El romesco tradicional arranca con tomates asados. Pero como en Cocinable siempre nos gana lo dulce, nuestra versión usa pimentón rojo asado en su lugar. El resultado es una salsa con ese toque tostado y ese dulzor natural que enamora desde la primera cucharada.
Si andas con afán, puedes usar pimentones asados de frasco y esta receta te queda lista en 5 minutos. Pero si tienes un poco más de tiempo(mi recomendación), en 40 minutos y con solo 7 ingredientes la tienes servida.
Paso a paso para asar pimentones

Mientras se asan los pimentones, tuesta unas almendras fileteadas en un sartén (también sirven enteras) y pica el ajo. Cuando los pimentones estén bien chamuscados, déjalos reposar unos minutos, retira la piel, las semillas y el tallo con cuidado, y llévalos a la licuadora.
Para completar la salsa solo necesitas una pizca de sal, un chorrito de aceite de oliva, jugo de limón y unas hojuelas de ají. Así de simple.
Lo que más me gusta del romesco es que se puede hacer en cualquier época del año, con ingredientes que seguramente ya tienes en casa.
Hasta la textura la decides tú. La puedes licuar hasta que quede completamente lisa, o pulsarla unos segundos para que se sientan trocitos de almendra. En Cocinable nos gusta un punto intermedio: cremosa, pero con esos pedacitos de almendra y ajo que le dan carácter.
Esta salsa es:
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Precalienta el horno a 260°C (500°F) ,Coloca los pimentones enteros y hornea por unos 30 hasta que estén casi negros por todos lados. Si prefieres, ásalos directamente sobre la llama de la estufa o en la parrilla hasta que queden tiernos y chamuscados por completo
Déjalos reposar unos minutos. Esto ayuda a que la piel se desprenda con más facilidad.
Mientras tanto, tuesta las almendras (si evitas las almendras, prueba con otro fruto seco o semilla) a fuego medio-bajo en un sartén sin aceite, moviendo con frecuencia para que no se quemen. Retira cuando estén doradas, entre 3 y 5 minutos, y reserva.
Retira con cuidado la piel chamuscada de los pimentones, el tallo y las semillas (todavía estarán calientes). Pásalos a un procesador de alimentos pequeño o a una licuadora.
Añade a la licuadora las almendras tostadas junto con el aceite de oliva, el jugo de limón, el ajo, la sal y las hojuelas de ají picante (reduce o elimina si prefieres menos picor, aunque ayudan a equilibrar el dulzor del pimentón).

Licúa hasta obtener una mezcla cremosa y suave, o pulsa unos segundos si prefieres una textura más rústica. A mí me gusta un punto intermedio: cremoso, pero con algunos trocitos de almendra y ajo que se sientan.

Si la quieres más cremosa, agrega un poco más de aceite de oliva o agua. Prueba y ajusta: más limón para acidez, más ajo si te gusta el sabor intenso, sal al gusto o más hojuelas de ají para el picor. Guárdala en un frasco hermético en la nevera hasta por 5-7 días, o congélala hasta por 1 mes (aunque siempre sabe mejor recién hecha).